Escribe Akis Liantzouras
SYRIZA hoy no necesita análisis político; necesita una autopsia. El partido que una vez asustó al sistema, puso de rodillas al PASOK, mandó a la Derecha contra las cuerdas y entró en el palacio Máximos, hoy se parece a una vieja sala nocturna un domingo por la mañana: sillas sobre las mesas, dos habituales discutiendo sobre quién tuvo la culpa y alguien al fondo insistiendo en que ‘todavía hay gente’.
Y en medio de estas ruinas aparece Rena Dourou.
Su misión no es ‘reorganizar’ SYRIZA. Esas son palabras de congreso, para pasar el rato mientras los profesionales de la melancolía partidista asienten con la cabeza. Su verdadero trabajo es mucho más sucio: demostrar que SYRIZA tiene una razón para existir sin Alexis Tsipras.
Y ahí empieza el carnaval. Tsipras no es simplemente un expresidente. Es el ADN político del SYRIZA de la posdictadura. Es el hombre que tomó un partido de protesta y lo convirtió en gobierno. No puedes borrarlo sin amputarte a ti mismo. Pero si sigues paseando su fotografía como un icono, ya estás muerto.
Ese es el nudo gordiano de Dourou: des-tsipristizar SYRIZA sin convertir el partido en un club de excompañeros amargados de Tsipras. Y, curiosamente, puede ser la mujer adecuada para el trabajo equivocado.
Dourou es un animal político. Ha recibido barro, derrotas, portadas, tribunales televisivos y puñaladas de partido. No viene de un seminario de liderazgo. Viene del auténtico matadero político griego. Y hoy eso es una ventaja.
Pero si cree que basta con unir a los viejos, estamos perdidos.
SYRIZA no murió porque una corriente se peleara con otra. Murió porque la sociedad se cansó de ver a personas que no pueden llenar un taxi discutir durante horas quién representa mejor al pueblo. Mientras tanto, el pueblo pagaba la luz, el alquiler y recortaba en el supermercado. Y ellos celebraban un congreso.
Si Dourou quiere hacer daño real al sistema político, tiene que volver a convertir a SYRIZA en un partido de calle, no en un partido de tertulia. Debe hablar del cuarentón que trabaja y sigue siendo pobre; del pequeño empresario que teme más a Hacienda que a la competencia; de la madre que cuenta el dinero hasta el final del mes mientras en televisión le explican que la economía va de maravilla. Ahí está la política. No en los Comités Centrales.
Y lo más decisivo: frente a Tsipras no debe ni arrodillarse ni disparar. Debe decir la frase más difícil de la política: ‘Fuiste nuestra historia. No eres nuestro futuro.’
Si se atreve a hacerlo, SYRIZA puede levantarse. Si no, que dejen de buscar un plan de reconstrucción y busquen a quien tiene las llaves para apagar las luces.

