Escribe Akis Liantzouras · AWGMeta
Hay una vieja estupidez en política: la creencia de que los gobiernos caen por las cosas ‘grandes’: escándalos, déficits, acuerdos, guerras, los miles de millones que circulan por hojas de cálculo ministeriales y que nadie normal entiende del todo adónde fueron. Error. Los gobiernos suelen empezar a morir por algo ridículamente pequeño: una fotografía, una frase, un niño en un tren, un jubilado ante un banco cerrado, una mujer mayor a la que sacan de su casa. El gran problema ya existe. Solo es abstracto. La gente no se rebela fácilmente contra porcentajes. Se rebela contra imágenes.
Mari Carmen tenía 87 años. El 23 de septiembre salió de su casa de Madrid, donde había vivido unos setenta años. Hasta entonces España tenía un ‘problema de vivienda’: uno de esos términos que oyes en los informativos mientras sigues cortando ensalada. De repente el problema de vivienda tuvo rostro, edad, puerta y maleta. Miles de personas se movilizaron en Madrid y en otras ciudades españolas; el caso pasó de la calle al Parlamento y obligó al gobierno y a la oposición a pronunciarse. Ese es el momento al que deben prestar atención quienes gobiernan: cuando una estadística se convierte en persona, ya ha cambiado de categoría de riesgo.
En la ingeniería social hay un mecanismo al que llamaría **compresión de la realidad**. Diez problemas se vuelven una historia. Cientos de miles de personas enfadadas se ven a sí mismas en alguien a quien no conocen. El joven que entrega medio sueldo al alquiler, la madre que teme que su hijo nunca deje la casa familiar, el jubilado que siente que el mundo se deshace de él como de un mueble viejo, de pronto no necesitan a un economista que les explique lo que ocurre. Miran a Mari Carmen y dicen la frase políticamente más peligrosa que existe: **‘Yo podría ser ella.’** Desde ese momento ya no tienes un asunto de política pública. Tienes identificación.
Luego llega la segunda etapa: la simplificación moral. Y aquí es donde el poder suele caer en la trampa. Porque el poder responde con competencias, leyes, regiones, decisiones judiciales y responsabilidades ministeriales. Todo puede ser completamente correcto. Y todo puede ser políticamente inútil. Pedro Sánchez calificó el desahucio de ‘tragedia social’, pero al mismo tiempo entró inevitablemente la discusión sobre qué institución tenía la competencia, qué se había aprobado y qué se había bloqueado. El ciudadano, sin embargo, ya abandonó esa conversación. Ve a una mujer de 87 años frente a un sistema. Y cuando frente a una imagen humana aparece un PowerPoint de competencias estatales, el PowerPoint pierde.
La tercera etapa es todavía más dura: **la imagen produce imágenes**. En el caso de Mari Carmen, las concentraciones trajeron policía, la policía trajo choques, los choques trajeron nuevos vídeos y los nuevos vídeos crearon un segundo ciclo de ira. El gobierno español abrió una investigación por posibles excesos en la intervención policial después de que se difundieran las imágenes. Aquí está uno de los errores más antiguos del poder: cree que está afrontando el hecho cuando en realidad lo multiplica. Una casa se convierte en manifestación. La manifestación se convierte en porra. La porra se convierte en TikTok. TikTok se convierte en ‘mirad lo que hacen’. Y en algún punto el asunto inicial ya ha adquirido una segunda vida, más grande.
Eso no significa que detrás de cada explosión social se siente algún publicista diabólico como yo, con portátil, café y un manual de ‘cómo derribar gobiernos’. La ingeniería social de 2026 es mucho más interesante y mucho más peligrosa porque a menudo es **descentralizada**. Activistas, periodistas, políticos, influencers, partidos, ciudadanos y algoritmos toman el mismo hecho y lo empujan cada uno por un motivo distinto. No hace falta un coordinador central. Hace falta un hecho suficientemente claro para caber en una frase y suficientemente potente para que cada cual pueda cargar sobre él su propio agravio. Ese es el verdadero dominó político.
Y después llega el momento en que la consigna adquiere más fuerza que el relato gubernamental: ‘Por todas las Mari Carmen’. ‘Ni una Mari Carmen más’. Una mujer deja de ser una persona y se convierte en una categoría de personas. En ese punto se ha creado la moneda más valiosa de toda movilización social: **identidad compartida**. La movilización se extendió por muchas ciudades españolas, mientras la vivienda se transformaba en pocos días en un frente político central. Ya no hace falta que todos estén de acuerdo en todo. Basta con que coincidan en que ‘esto no da para más’. Los gobiernos deberían temer esa frase mucho más que una mala encuesta.
Por eso un hecho pequeño puede derribar de verdad a un gobierno. No porque sea grande, sino porque cae sobre una sociedad que ya se ha agrietado y le da **nombre, rostro e historia**. La chispa no crea la gasolina. Solo revela que alguien dejó el suelo lleno de ella. Quien se tome en serio la comunicación política debería mirar menos los dashboards y más la calle. Ahí nacen los hechos que ningún modelo ha puesto todavía en una tabla.
Porque, al final, los gobiernos rara vez caen cuando la gente comprende que ha fallado un indicador. Caen cuando la gente mira a una persona y dice: **‘Basta. Esto ya no es Mari Carmen. Somos nosotros.’**
Fuente: https://1voice.gr/i-kyvernisi-den-peftei-apo-ti-mari-karmen-peftei-apo-osa-choresan-mesa-tis/ ↗

